Queso azul
Azulito de Montaña de Vaca
Desde $10.000
Una versión noble y equilibrada de los quesos azules: la dulzura natural de la leche del sur abraza con delicadeza la intensidad del hongo.
- Leche de vaca
- Queso azul
- Hecho en Riñihue
Descripción
Azulito de Montaña de Vaca. Pureza de la cuenca y carácter artesanal. Una especialidad nacida bajo el cobijo de los climas limpios y la brisa cordillerana de nuestra zona. Elaborado íntegramente con leche entera y rica de vacas alimentadas en las praderas, ofrece una versión sumamente noble y equilibrada de los quesos azules, donde la dulzura natural de la leche del sur abraza con delicadeza la intensidad del hongo.
Azulito de Montaña de Vaca: cómo disfrutarlo
Sácalo del refrigerador entre 20 y 30 minutos antes de servirlo para apreciar todos sus aromas. Más abajo encuentras su perfil de sabor, textura y maridaje, y tienes más consejos en nuestras preguntas frecuentes.
Origen y elaboración
El Azulito de Montaña de Vaca nace a orillas del lago Riñihue, en la Región de Los Ríos. Lo elaboramos íntegramente con leche entera de vacas alimentadas en las praderas de la zona y lo maduramos con el hongo Penicillium roqueforti, que le da sus vetas y su picor elegante. El resultado es una pasta color marfil o amarillo pálido, densamente veteada, que se funde en la boca de forma sedosa y deja una persistencia láctica deliciosa.
Formatos
- Cuña de 200 g aprox.: cortada a cuchillo y envasada al vacío, lista para lucirse en tu tabla.
- Media pieza de 500 g aprox.: ideal para compartir en cenas o reuniones familiares.
- Pieza entera de 1 kg aprox.: llega en su envoltura protectora especial.
El corte perfecto
Por su textura cremosa, corta el Azulito con un cuchillo de hoja fina previamente humedecido en agua templada, o con una lira de corte: así la pasta no se rompe ni se pega a la hoja. Una vez abierto, guárdalo en la zona menos fría del refrigerador (o en el cajón de las verduras), envuelto en su papel original o en papel encerado de cocina. Evita el film plástico sellado: el queso necesita respirar.
Preguntas frecuentes
¿Es muy picante? No. Es una versión noble y equilibrada de los quesos azules: parte cremoso, con notas de mantequilla templada, nata y un recuerdo a pasto húmedo por la lluvia sureña, y el picor del hongo llega después, limpio y elegante.
¿En qué se diferencia del de cabra? El Azulito de Montaña de Cabra se hace con leche cruda de cabra y fermentos naturales derivados del kéfir; tiene notas herbales y un sutil fondo caprino. El de vaca es más mantecoso y dulce.
Revisa cómo hacemos los envíos o descubre el resto de nuestros quesos de vaca, elaborados a orillas del lago Riñihue.
Perfil de sabor
Destaca por un inicio profundamente cremoso, con notas marcadas de mantequilla templada, nata y sutiles recuerdos a pasto húmedo por la lluvia sureña, balanceado a la perfección con el picor elegante, complejo y limpio del Penicillium roqueforti.
Textura
De pasta color marfil o amarillo pálido (reflejo fiel de la alimentación de libre pastoreo), untuosa y densamente veteada. Se funde en la boca de forma sedosa, dejando una persistencia láctica deliciosa en el paladar.
Maridaje ideal
Excepcional si se acompaña con una sidra artesanal de la zona de Los Ríos, vinos blancos potentes o un tinto dulce. Combina de maravilla sobre pan de campo con nueces, higos maduros y un hilo de miel de ulmo o de pradera.
Ingredientes y elaboración
Leche entera de vacas alimentadas en las praderas de la Región de Los Ríos. Madurado con el hongo Penicillium roqueforti.
Conservación
Temperatura de servicio
Para apreciar la complejidad de sus aromas y la textura exacta, retira el queso de la nevera entre 20 y 30 minutos antes de consumirlo (lo ideal es servirlo a unos 18 °C - 20 °C).
Almacenamiento correcto
Conserva el queso en la nevera (en la zona menos fría o en el cajón de verduras). Envuélvelo en su papel original o en papel encerado de cocina; evita el film plástico sellado herméticamente para que el queso pueda "respirar".
El corte perfecto
Para texturas cremosas como el Azulito o la Bruma del Riñihue, usa un cuchillo de hoja fina humedecido en agua templada, o una lira de corte. Así la pasta no se rompe ni se pega a la hoja.











